Desde Mérida hasta Santiago de Compostela

Sigue la flecha amarilla
Sigue la flecha amarilla

El camino de todas las búsquedas

Mi recorrido del camino de Santiago por la Vía de la Plata no tuvo una motivación espiritual, ni religiosa, tampoco lo hice para encontrarme conmigo misma y mucho menos lo pensé como una prueba deportiva.  En realidad, sólo a lo largo del camino encontré las razones que me llevaron hasta ahí y aún ahora, meses después de mi travesía continuo aprendiendo algo de esa experiencia.

Existen un montón de clichés sobre el camino: que  lxs peregrinxs no son sino turistas low cost, que van en grupos  numerosos hablando a voces y sin respetar el entorno, que llegan como tropel a los pueblos invadiéndolo todo. También se rumora que la gente va en búsqueda de aventurillas y  de ligues, para sanar un raspón o tapar algún hueco emocional.

Con cuidado peregrino
Con cuidado peregrino

Todo lo anterior puede ser cierto y válido, pero hay mucho más fondo en el tema del peregrinaje. Hago a un lado los aspectos místicos porque yo de eso se poco y no me atrevo a entrar en ese debate. Si bien es cierto que algunxs  peregrinxs que encontré a lo largo del viaje tenían una firme convicción religiosa, la mayoría decía ir en búsqueda de algo interior, para superar algún momento difícil de la vida, para olvidar, para vaciarse.

El camino de Santiago se puede hacer andando, en bici o a caballo. Lo más común es hacerlo a pie con mochilón a cuestas, sombrero y bastón, creo que esto es ideal para quien quiere disfrutar de la lentitud y no perderse de los detalles del paisaje.

A falta de caballo bayo me fui en bicicleta. Mi eterna burrita me llevó por más de 900 kilómetros  a través de valles, colinas y bosques  sin dar queja ni rajarse. Desde hace tiempo quería ponerla a prueba y me demostró ser una campeona.

Fotogénica burrita
Fotogénica burrita

Algo  de historia para ubicarnos

La Ruta-de-la-PlataVía de la Plata empieza en Merida, la antigua Emerita Augusta  capital de la provincia romana de Lusitania  y  termina en Astorga ó Asturica Augusta.  Por ese punto pasa el camino francés de Santiago de Compostela.

Los antiguos romanos iniciaron la construcción de esta calzada en el siglo II a.C.  con fines bélicos y comerciales, fue aprovechada también por los invasores árabes que llegaron a España en el siglo VIII.  Los historiadores dicen que el nombre  “Vía de la Plata” podría proceder de “al-balat”, término árabe que hace referencia al carácter empedrado de la antigua calzada romana.

Las peregrinaciones a la supuesta tumba del apóstol Santiago desde la parte de la Península que iba siendo reconquistada a los árabes, permitió un nuevo aprovechamiento de esta antigua ruta, que lo había sido de trashumancia, comercial, militar y de penetración cultural.

Desde el siglo XI fue también un camino de peregrinación, la ruta por la que los cristianos mozárabes de Al-Ándalus peregrinaron a Compostela en la Edad Media. Y así nació el “Camino Mozárabe a Santiago”.

Con tales antecedentes históricos pensé que la vía merecía ser vista, así que entre todas las rutas que llevan a Santiago elegí  esta e ir sobre las huellas de romanos, visigodos y árabes rumbo a uno de los principales lugares de peregrinación mundial. No creí que esta aventura me regalaría tantas emociones.

Zamora
Zamora

A golpe de pedal

El viaje comenzó con la ansiedad de lo desconocido, el  corazón se aceleraba ante el esfuerzo físico inicial, día tras día, mi cuerpo sufría y buscaba su armonía, su ritmo ideal, el tempo justo con el alma.

Siguiendo flechas amarillas, cuestas, piedras, senderos, las piernas que pedaleaban sin parar, las literas de los albergues, las cenas, las pausas en un pueblo aleatorio, los madrugones y el encuentro con el descanso profundo que da la noche y al día siguiente a continuar, el cuerpo se negaba, se resistía, el corazón se abría de nuevo, las piernas… ¡que dolor de piernas! y el sillín de la bici era el calvario máximo. Imposible ir más rápido, pero eso no importaba.

Vacas vigilantes del camino
Vacas vigilantes del camino

La hierba, el silencio, el barro, las rocas milenarias de la calzada, las aves, los arroyos, las flores, los puentes, las iglesias, los caseríos, el polvo, las vacas, las dehesas, peregrinos pensativos en su andar, bicigrinas y bicigrinos cómplices, las cancelas del ganado que abrir, que cerrar y más kilómetros que recorrer.

Y a medida que me acercaba a Galicia las exigencias materiales se hacían menos, el cuerpo  más fuerte que nunca, las piernas se movían con soltura sobre los pedales, las cuestas ya no eran un castigo y las bajadas no me daban miedo, todo era una gozada. La bici me obedecía siempre y yo confiaba en ella como si fuese una más de mis extremidades, con los ojos cerrados la dejaba que me llevara por donde le apeteciera.

Llanera solitaria
Llanera solitaria

Los encuentros, las miradas que se cruzaban, con cordialidad, nunca indiferentes. Las sonrisas que no tardaban en mostrarse. Ante mi rodada algunxs peregrinxs detenían su paso y alertadxs por el ruido de mi freno chillón volteaban a verme, yo bajaba el ritmo de las ruedas y nos decíamos “buen camino”.

Los rostros eran abiertos, positivos, placidos. Todxs éramos compañerxs de ruta, durante segundos, horas o días, todxs llevábamos algo en común en el alma, algo que al llegar a Santiago se abriría  y explotaría en alegría, entre  el alivio y la tristeza de haber terminado una ruta maravillosa.

Un agradecimiento especial a todxs lxs que me han hecho vivir una parte del camino. Por todos los encuentros que me han enriquecido,  por todos los gestos amigables que me han reconfortado, por las sonrisas que me han hecho olvidar un momento la soledad del camino y por las miradas que me han dado la sensación de ser comprendida, de pertenecer. ¡Buen camino por la vida!

De Merida a Santiago
De Mérida a Santiago
¡Buen Camino!
¡Buen Camino!
Llegando a Astorga
Llegando a Astorga
En las alturas
En las alturas
Caparra
Caparra
Galicia
Galicia
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