El alivio de ser normal

 

 

Checar tarjeta y con un bip sentir que perteneces,

a las 9:00 pasadas, trote emprendedor y decidido

parecer motivada, mujer de retos con misión clara

extirpar emociones, minimizar la personalidad

ser neutral, estándard y no quitarse el badge.

 

Amar el teclado y la pantalla, pegaditos estamos

celular nuevo y tantos códigos por memorizar

actualizaciones automáticas, dar OK y guardar

peticiones sólo por mail, sin olvidar la referencia

agendar citas y reuniones, confirmar, rechazar.

 

Comer sola, a veces en grupo, casi mejor sola

repetir la misma historia, hay que ser consistente

disparar correos sin clemencia, machacar las teclas

abrir 18 pantallas a la vez, concentración nula

desfile de páginas, guerra de gráficos animados.

 

Enderezar la espalda, no olvidar la respiración

a las 19:00, en el silencio del open space office

ser poseída por ficheros excel y tablas pivotantes

dejar la silla y apagar el sistema, partir con miedo

aguantar la mueca rancia del guardia en la puerta

cuando tu quieras, martir asalariada.

 

Salir a la ciudad vertical que duerme temprano

paso rápido, cabeza llena de folios pendientes

música pegada a los oídos que no escuchan

saltar 18 canciones, ninguna apta para el mood

luces borrosas en los edificios, siluetas en fuga.

 

Destapar una botella, bendito momento juntas

vaciar la caja de crackers, festín de queso y olivas

dieta al carajo, mañana a hacer el paripé deportivo

aguantar sin el zapeo en Netflix, callar el whatssap

Ver al espejo y procurar no morir de espanto.

 

Quedarse quieta, no buscar más, no resistir

esto es lo que hay, una vida productiva

el honor, el orgullo de servir y encima agradecer

arrumbar las ideas, disimular las pasiones

tener que abrazar la calma de ser normal.

 

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12 thoughts on “El alivio de ser normal

  1. Zenaida, qué magnífico (aunque triste) relato.
    Esa clase de gente como la protagonista, son lo que Erich Fromm (en su libro “El miedo a la libertad”) llamaba “Hombres Engranaje”: gente que no sabe vivir fuera de las organizaciones. Son personas que tienen miedo a decidir por sí mismos, conservadores, obreros pero burgueses. Te recomiendo mucho el libro.

    Hoy, que a diferencia de la época de Don Erich, las mujeres cada día más fatigan el entorno oficinesco, debiéramos cambiar el término por “Gente engranaje”. Capaz las mujeres del mundo debieran tener mucho cuidado de que no les vendan que la liberación femenina pasa por caer en entornos como el que cuentas…

    Fuerte abrazo desde Buenos Aires

    1. Que gusto tener tu comentario, gracias también por la recomendación de lectura, creo que lo que dice Fromm sucede a la mayoría de las personas que hacemos parte del engranaje. Y si tienes razón, la idea de realización personal a través del trabajo no reconocido y mal recompensado es lo que nos han vendido a las mujeres como libertad. Caemos en otro tipo de servilismo. Un abrazo desde el Mediterráneo!

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