Nusa Lembogan, el Bali que prefiero

Nunca tuve la intención de pasar por Bali. Durante mucho tiempo evité parar ahí, tanto me han hablado de ese lugar y su turismo desenfrenado, que pocas ganas me daban de poner el pie en esa isla de Indonesia. Pero, su aeropuerto es un punto de enganche para el resto del Sudeste Asiático y tarde o temprano me tocaría ir a este lugar de la asfixia turista, así que busqué lo que según yo sería su versión más ligera. Me parecía imposible que todo se resumiera a gente colorada perdida borracha y masajes dudosos a la carta.

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Playa del Hongo, Nusa Lembogan

La mejor alternativa la encontré en Nusa Lembogan, al sudeste de la capital balinesa. Aunque también recibe un buen flujo de visitantes, esta pequeña isla conserva su encanto. Con sus escasas y minúsculas calles, solo aptas para bicicletas, motos y algunos taxis colectivos que se mueven sin tanta prisa. Este tranquilo rincón aún no revienta con hoteles y discotecas, pero parece que le queda poco tiempo antes de que lleguen las manadas y el ruido.

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Bahía Tamarindo, Nusa Lembogan

Mientras tanto, hay que aprovechar la visita y pasear de templo en templo sin ser perseguida por vendedores y guías. En las playas aún se puede ver la puesta del sol mientras grupos de niños locales se bañan divertidos, ignorando totalmente el paso de las que venimos de fuera. La vida isleña se rige por las festividades y ritos hinduistas y por la colecta de algas, principal producto de la región.

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Baño al atardecer

También, llegan hasta acá los míticos Peces Luna o Mola Mola. Las aguas alrededor de esta isla son estación de limpieza de estos magníficos animales marinos y de las Mantas Birostris o gigantes, que siempre son un espectáculo. Durante mi visita, no coincidí ni con los Mola Mola ni con las Mantas, el mar estaba muy picado y fue difícil llegar hasta los puntos de inmersión donde suelen encontrarse. Como siempre, el océano imprevisible.

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Tamarindo, Nusa Lembogan

A pesar de que eché en falta el factor marino, esta isla me regalo su mejor cara y el recuerdo de sus playas tranquilas. Un lugar sin lujos y sonrisas sin intenciones comerciales. Gente que venera a sus muertos con ofrendas y los protege del sol con sombrillas de colores. Templos donde lo mismo se reza, que se juega un partido de tenis. Comidas dulces y condimentadas, cafés bien cargados pero que dan sueño. Un sueño que no se fue mientras estuve en Indonesia.

 

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2 thoughts on “Nusa Lembogan, el Bali que prefiero

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