Madrid y nuestra movida

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Atardecer urbano. Plaza Cíbeles, Madrid.

No es cierto que todos los caminos llevan a Roma, a mi siempre me traen a ti, Madrid. Por más que yo cambie el rumbo, extienda los rodeos, busque atajos raros, amplíe veredas y estreche autopistas, siempre caigo aquí, contigo.

Y de amor es nuestra historia. Nos conocimos por azar, de inmediato nos lo dimos todo y decidí instalarme en tu pleno centro. El idilio nos duró casi el año, hasta que empecé con mis dudas: que si me agobia tu ruido, que si el metro siempre va lleno, que si la gente habla a gritos, que tu aire está muy contaminado y en los días de fútbol te pones insoportable.

Fue una etapa de conflicto entre el me voy o me quedo. Pero, nos dimos una oportunidad más y me reconquistaste con tus montañas. La relación tomó un giro muy campestre y la afianzamos entre dehesas y colinas, chapoteando en pozas y arroyos escondidos. Fue un flechazo definitivo, me encantó hasta el musgo de tus piedras.

Por un par de años más recorrí todos tus rincones sierreños y urbanos. Nunca nos aburrimos, siempre te las ingeniaste para sorprenderme y mantener la llama. Me dejaste descubrir cada una de tus caras y así, me dí cuenta de mis tantas facetas, de mi capacidad de adaptación y del subidón de energía que me provocas. Vibro contigo.

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Mi burrita y Madrid

Pero el bicho de la aventura despertó rugiendo y tarde o temprano tuve que irme a descubrir otras ciudades, lejos de ti, tan distintas a ti. Sin rencores nos despedimos con un beso y me sonreíste al partir. Encontré lugares maravillosos, me perdí una y otra vez en ellos, sin miedo alguno. Aunque si te eché de menos, no puedo decir que te lleve siempre en la mente, me conoces dispersa, eso no cambia.

Ahora vuelvo con mi mochila percudida y mis zapatos gastados. Cargo con poca cosa material, pero el corazón viene más lleno de amor por la vida, de fuerza atómica y ganas de seguir dando alegre guerra. No sé si estaremos tan cerca como antes, pero te seguiré rondando. Por hoy, sólo deja que te camine de Lavapiés a Cercedilla, que te recorra entre Atocha y Valdemoro, ya después veremos sí queremos continuar esta historia.

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23 thoughts on “Madrid y nuestra movida

  1. Nadie mejor que ramón Gómez de la Serna para descubrir Madrid a quienes de ella se enamoran. Verbigracia:
    En la Puerta del Sol es donde cogen el último coche los juerguistas, dando el portazo de despedida desgarradora a la noche. Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España. Siempre hay en la Puerta del Sol un vendedor de ratones pardos que corren sobre dos ruedas de plomo activadas por dos gomitas que se enrollan. Tiene por misión que la plaza central esté enratonada y que no desaparezca la primera picardía del juguete mecánico

  2. La sientes, la padeces, la admiras, la adoras, la aborreces, la vives, la respiras, la hueles, la odias, la quieres, la suspiras, la echas en falta, la llevas en el alma… Madrid solo hay una, irrepetible en cuerpo y espíritu hasta el último de sus rincones. ¡Gracias por retratar de manera tan hermosa con este post a mi ciudad adoptiva!

  3. Siempre he vivido en una ciudad mediana, provinciana. Con variedad de ocio y cosas que hacer pero cómoda, caminable. Por la vida y el laburo aterricé en La Villa y … no supe sobrevivir a la rutina, al tamaño y las distancias inabarcables, al transporte público de hacinamiento… No sé si me incomodaba lo incómoda que era la ciudad o que no era “la mía” (lo que me mostraría conservador… o poco adaptable).
    Hace casi un año que marché y, como los malos recuerdos se esconden en la amígdala cerebral, quedan los buenos. Y la verdad que la echo de menos. Echo de menos los paseos hasta el Retiro o hasta el Palacio de Telecomunicaciones donde al final nunca subí al tejado; las hamburguesas del Goiko, Y el sentir realmente aquello de: “¿Es usted de aquí?”; “No”; “Entonces somos paisanos”.
    Me resulta curioso pensar en Madrid como amigable con las bicis. Entiendo que “burrita” es de montaña y no de paseo, ¿cierto?
    De todas formas, si se puede elegir, a Madrid es mejor ir de visita (o conseguir teletrabajo).
    Un saludo afectuoso

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