Semporna la no tan bella

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Por primera vez vivo en un lugar que no he elegido. Una ciudad tan poco atractiva que jamás hubiese querido estar en ella mas de un día. Pero la suerte y mis ganas de cambio me han traído aquí. Así aprendo que el paraíso no se alcanza sin atravesar un purgatorio.

Cuando  hace meses bajé del autobús, Semporna me recibió con su olor a pescado podrido, aguas estancadas de colores sospechosos y un calor que no se quita con nada. Me abrí paso entre la basura, los perros callejeros y los carros que circulan por la izquierda, hasta llegar a la que se ha convertido en mi casa.

De todo Malasia, no he visto sitio tan feo como Semporna, pero viajeras y viajeros de todo el mundo caemos aquí atraídxs por las islas que tiene a lado. El archipiélago es paradisíaco, los fondos marinos de la zona son tan espectaculares que no resistí  y acepté quedarme unos meses.

Desde esta ciudad se puede navegar  a todas las islas y pasar el día bajo las palmeras de una playa de arena blanca, o buceando entre tortugas, tiburones y barracudas. Casi diario estoy en una barca, guiando grupos de submarinistas y conociendo mas este mar. La vida es buena mientras estoy en el agua.

Únicamente porque el cuerpo lo pide, hay días que debo quedarme en tierra y eso significa pasar muchas horas en Semporna en las que sólo se me ocurre comer. No niego que aquí se come de lo mejor y que hay tanta variedad de platillos que es imposible probarlo todo. Entre las especialidades malayas, chinas e indias no hay razones para pasar hambre.

Y después de llenar la tripa, veo el paso aturdido de las horas, entre conversaciones con locales y extranjerxs, lecturas repetidas, programas de tele en malayo y andando como alma en pena por estas calles de polvo y desperdicios. El tiempo corre exageradamente lento cuando estoy en tierra y solo sueño con cosas inalcanzables como el vino o un buen café.

Los anhelos tontos desaparecen cuando subo a la barca y voy al agua con los ojos bien abiertos. La melancolía se va con la marea y no me falta nada, porque esto es lo que soy ahora y lo gris de la ciudad se compensa con la belleza en la que paso los mejores momentos.

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Puerto de Semporna
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Clínica flotante
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Cerca del muelle de Semporna
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Barrio de Semporna
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Baño vespertino
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1001 razones para ir a Semporna

 

 

 

 

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9 thoughts on “Semporna la no tan bella

  1. Hola, estaba algo desaparecido, pero ahora voy volviendo a la normalidad. Paso a contarte que te nominé a un Liebster Award porque me encanta tu blog y tu onda como blogera.

    Un abrazo! (y si no sabes de qué va esto de Liebster Award date un vuelta por mi blog)

  2. Pues sí Zenaida, coincido que Semporna es uno de los sitios más feos que he visto en la maravillosa Asia, yo sólo me quedé una noche y por poco no la cuento al caerme en una alcantarilla asesina, destapada …

    También concuerdo en todos y cada uno de los comentarios de tu publicación porque hasta lo más feo tiene su lado bonito como es el de la cercanía a esos platillos frescos deliciosos y, sobre todo, el excepcional abanico de inmersiones y tremenda calidad del buceo que se puede disfrutar desde allí, aunque yo recomendaría hacerlo desde Mabul.

    Así es, en esta vida nada suele ser blanco o negro casi todo tiende a tener sus matices de color propios y aquí, en la diversidad, en la capacidad de sorprender, es donde reside el valor de conocer.

    Enhorabuena por esa descripción de un lugar tan feobonito …

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