Un mar de ganas

Días completos de vuelos, carreteras y barcos. Noche en un aeropuerto gigante y dos sillas pegadas me sirven de cama. Gente apurada con pasaportes en mano, maletas que invaden pasillos con su traca-traca de ruedas mal alineadas. Despedidas tristes, promesas fáciles de incumplir. Mochila contra mochila, empieza la batalla por el sitio en el autobús.

Un autobús al que todo le truena, sin cristales y con asientos de madera pelada, pero con wifi y yo no tengo aparatos que conectar. Servicio express hasta la costa con garantía de llegar antes de que parta el último barco. Por la ventana pasan palmeras cada vez mas frondosas, pueblos vivaces, terrazas de arroz, niñas y niños vendiendo fruta y huevos cocidos con cacahuetes.

A cada kilómetro el aire se aligera, a veces cambia de dirección y me trae ese aroma que desde hace meses estoy deseando. O tal vez mi mente me engaña, convenciéndome de que algo salado se acerca. Curvas sin piedad, subidas empinadas y el motor que amenaza con parar. Entre nubes y colinas, lo distingo. Está tan lejos que su azul parece una transparencia. Con los ojos apretados y echando de menos unas gafas nuevas, confirmo que es el mar.

El no sabe que voy, ni que he atravesado dos países para verlo. No me espera, pero me gusta pensar que se alegrará conmigo y me dará su mejor cara, su mejor humor. No lo pierdo de vista, no se vaya a evaporar. Hasta mi ventana sin cortinas, me envía una  ligera brisa de bienvenida. Mi nariz sonríe.

El mar se ha dado tanto a desear que bajo del autobús y con tres zancadas estoy en el agua. Las olas no cambian su ritmo, golpean la orilla, lentas, sin aspavientos. Con la punta de los dedos toco la espuma y dibujo una linea sobre la arena. <<Esta soy yo, este eres tú. Te reconozco, eres el mismo de siempre pero con otro nombre y en otro continente.>>

Todavía falta media hora de barco para la meta, pero ya no tengo prisa. Navego en el azul verdoso donde se esconden tantas maravillas. Es mi primer día bajo el sol de Filipinas, el país de las 7107 islas. No siento cansancio, ni falta de sueño. La isla Malapascua está frente a mí con sus palmeras horizontales y en el fondo los tiburones zorro me preparan una sorpresa.

A unos pasos
A unos pasos
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Habitación con la mejor vista
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Navegando
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Cara de que acabo de ver algunos tiburones zorro
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Caballito de mar pigmeo (Hippocampus bargibanti)
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Tiburón de puntas blancas en su cueva
Tiburón Zorro (foto de Threshersharks.com)
Tiburón Zorro (foto de Threshersharks.com)
Nitrogenada pero contenta
Nitrogenada pero contenta
Atardecer en Malapascua
Atardecer en Malapascua



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19 thoughts on “Un mar de ganas

        1. Acabo de subir una nueva entrada a mi Blog, espero que tengas más suerte y que por fin puedas entrar, siempre es interesante tu opinión.
          Por cierto no te dije nada pero me interesó mucho tu entrada Creepy, es importante valorar y defender a los animales.

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