Mis días en un templo budista

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En Tailandia el budismo es más que una religión, es una filosofía que define el carácter del país. Aquí, la gente no reza, medita; no va a misa los domingos, pero acude al templo en cualquier momento y no porque la agenda religiosa así lo exija. Para ellxs, el infierno no existe en el más allá, esta aquí mismo y se manifiesta en todo lo malo que hay sobre la tierra.

He leído algunos clásicos del budismo, aunque me resulten incomprensibles a la primera y tenga que hacer un ejercicio de reflexión bárbaro. No me considero una persona mística, pero si creo en la fuerza de la mente y en todo lo que esta es capaz de alcanzar. De eso mismo habla el budismo, de escarbar muy adentro de nosotrxs y de ser conscientes en todo momento de lo que somos y hacemos.

No podía pasar por Tailandia sin acercarme a la meditación, por eso decidí quedarme unos días en un templo budista. Me inscribí a un retiro, con muchas dudas y temiendo no dar el ancho. Entonces, aún no sabía que para aprender a meditar no hay que ser un alma todopoderosa.

Fueron 10 días intensos y comparo la experiencia con un campamento militar, pero sin gritos. El templo es enorme, en medio de campos de cereales y árboles de papaya, en él viven decenas de monjes y una monja de occidente, académica y con un toque revolucionario que lo hacía todo más ameno.

Las mujeres vivíamos en unos bungalows detrás del templo, mientras que los hombres dormían en el edificio principal. La primera regla era mantener el silencio, no hablar o sólo lo absolutamente indispensable. Esto me vino muy bien, ya necesitaba vaciarme de palabras.

Los primeros 3 días fueron dolorosos, no sólo por las posturas de meditación, sino por los madrugones y la actividad intensa de la cabeza. Quien haya intentado vaciar su mente alguna vez, entenderá lo que quiero decir. Producimos cientos de pensamientos al minuto, nuestra mente es como un caballo desbocado, extremadamente difícil de controlar.

Poco a poco, logré acostumbrar el cuerpo a los horarios, a las posiciones y a los ejercicios de respiración. Aunque no alcancé estados superiores de conciencia, si liberé mi mente por minutos consecutivos. Esto podría parecer insignificante, pero para mi es un gran avance. Habrá quienes tengan mucha capacidad de concentración, yo soy mas de hacer zapping de pensamientos.

Al final del día y para quien lo deseara, los monjes se ponían a nuestra disposición en una sesión de preguntas y respuestas. Ahí se discutía no sólo de técnicas de meditación, sino también del budismo en la actualidad. No se trataba de convertir a nadie, ni de adoptar ningún habito.

Para mí todo era belleza y armonía, hasta que me dí cuenta que los monjes no miran a las mujeres y yo los incomodaba con mis insistentes ojos. Al parecer, no somos dignas de verlos, ni tocarlos. No podemos darles en la mano ninguna ofrenda, hay que ponerla en el suelo para que ellos la cojan. Como en todas las religiones, aquí somos consideradas seres inferiores.

Entendí porque en el templo las mujeres vivíamos en la zona más alejada de los monjes y porque teníamos que poner a secar nuestra ropa en sitios ocultos. Se debía proteger a los monjes de la presencia femenina y de la inminente amenaza de los calzones y sujetadores al aire. Los hombros femeninos al descubierto también son una grave afrenta y hay que cuidar a los religiosos de ese peligro.

A pesar de estos detalles y tantos gestos de desigualdad, me quedo con lo bueno que aprendí durante esos días. Puedo aplicar la meditación como una herramienta de crecimiento personal y expansión. Pero sin aspirar al nirvana ni a un estatus superior, aparentemente eso esta reservado a los hombres. Al menos así me lo han explicado.

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8 thoughts on “Mis días en un templo budista

  1. Hola zenaida! Que hallazgo encontrar este relato, casi de casualidad. Yo hace casi 1 mes tuve la misma experiencia en chiang mai. Entiendo cada palabra que decis y creo que cada sensacion, aunque eso quizas es mas complejo.
    Tenes un email para enviarme directo? Quiero hacerte unas consultas
    Saludos!

  2. hola Zenaida, me pareces toda una heroína de algún viejo libro de aventuras¡¡. esta entrada me atrajo, como tu, no soy muy mística, mas de energía y sensaciones, también intento encontrar el significado de las cosas, eh intento ser aventurera, nada parecido a lo tuyo… Siempre la mujeres en otro lugar, parecemos molestar o en otros casos ser un adorno, ,,,,en fin,, esperemos cambios, o imaginémoslos..Un saludo

  3. Muchas gracias por tus palabras 1fernan! Tampoco soy mística ni tan heroína, pero si me encanta rodar por ahí sin miedos. No pierdo de vista como nos perciben a las mujeres en todas partes, estamos muy lejos de la igualdad, vamos lentas, pero vamos. Un saludo!

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