Navegando por el río Nam Ou en Laos – Parte 3

De Muang Ngoi a Muang Khua
De Muang Ngoi a Muang Khua

Para salir de Muang Ngoi la única opción es el barco. Hacía el sur hay dos o tres viajes por día y es fácil encontrar sitio abordo. Pero, viajar hacía el norte es un poco complicado, hay que apuntarse en una lista y esperar a que se junten ocho o nueve personas, el número mínimo de pasajerxs. El día que decidí dejar Muang Ngoi, la lista se llenó con diez nombres de extranjerxs y locales. Muy temprano, bajo una lluvia fina, cargamos el barco y nos preparamos para una larga travesía fluvial, entre montañas verde extremo y nubes bajitas.

El barco navega río arriba hasta la pequeña ciudad de Muang Khua, muy transitada por ser un paso obligado hacía Vietnam o China. De no ser por su ubicación fronteriza y la ventaja de estar sobre el Nam Ou, pocas personas irían a este lugar sin mayor atractivo, próspero gracias al comercio entre los tres países. 

Río arriba
Río arriba

Durante el trayecto conocí a un grupo de aventureras de un país del norte de Europa, viajeras mundiales de muchos años. Tuvimos suficiente tiempo y buen humor para hablar de todo un poco, a ratos alzando la voz por encima del motor que insistía en silenciarnos con su estruendo y desparpajo de agua. Fueron siete horas de ir sobre esas tablas sin barniz ni pintura, rodilla contra rodilla, compartiendo anécdotas y comida.

En Muang Khua la oferta hospitalaria no es abundante y justo ese día había una gran boda a la que toda la población estaba invitada, por lo que los hostales estaban llenos o cerrados. Con mis nuevas compañeras, recorrí sin éxito las calles principales en busca de habitación o cama. Gracias a un niño que jugaba en la calle con sus amigos, encontramos donde dormir. Dejando a un lado su partida de canicas, el chaval nos llevó a casa de su abuela, una señora de espíritu empresarial que mantiene a su familia ofreciendo alojamiento y comida.

Muang Khua, Laos
Muang Khua, Laos

En Muang Khua, hay un puente colgante sobre el cual lo mismo pasa el lento ganado, que las motos a toda velocidad, es una estructura de hierro suspendida con cables, suelo de tablones de madera y huecos de todos tamaños. Hay que fijar bien el pie antes de dar el siguiente paso y sobre todo intentar no mirar hacía abajo. Ese puente llega directo al lugar donde inicia el sendero que va a las aldeas de la etnia Khamu, allá en lo alto de las colinas.

Desembarque
Desembarque

Con dos de las viajeras empedernidas, subí a visitar una aldea Khamu y para nuestra suerte ahí también estaban de fiesta, no supimos de que se trataba la celebración, pero de inmediato nos invitaron a beber y unirnos a la alegría. Entramos en la casa donde estaba reunida toda la gente, sentadxs sobre el suelo alrededor de una tinaja de barro de la que salían muchos tubitos de plástico, a manera de pajillas. La tinaja era una fuente interminable de Lao Lao, el vino de arroz del país. Todo mundo bebía por esos tubitos, aunque también se repartían botellas de otros alcoholes caseros.

Nos sentamos sobre unos sacos de cereales y vimos como la sala se fué llenando con cada integrante del clan, desde la persona más anciana hasta el niño recién nacido, todxs fueron a saludarnos, a intentar comunicar de alguna manera, ya que con el idioma era dificil. Dos niñas nos regalaron sus dibujos y la pandilla de niños nos hizo una demostración de acrobacias sobre zancos. El grupo Khamu estaba contento con nuestra visita y no dejaban de admirar a mis compañeras escandinavas. Los ojos claros y las cabezas rubias se ven poco por ahí. Yo, como siempre me mimeticé entre las mujeres del lugar, que me tocaban las manos y el pelo, a señas me preguntaban de que lugar vengo y porque mi color se parece tanto al de ellas.

La pandilla
La pandilla

Después de un rato de risas locas, cantos y propuestas de matrimonio, decidimos que era hora de ir bajando al pueblo, la fiesta no tendría fin esa tarde, ni esa noche. A juzgar por la borrachera de algunxs, era obvio que ya llevaban un par de días en el huateque y nosotras teníamos que madrugar al día siguiente para continuar el viaje, mis amigas hacía China y yo hacía la frontera con Tailandia. Tuvimos que dejar a nuestrxs anfitrionxs en medio de una borrachera descomunal, donde el factor cariñoso ya se hacía notar.

Los niños y las niñas del pueblo nos acompañaron el primer kilométro, repitiendo a gritos las palabras en inglés que habían memorizado. Nos despedimos de nuestrxs acompañantes y bajamos a Muang Khua al ritmo lento de la escondida del sol. Atravezamos los barrios a semi oscuras, donde las gallinas ya estaban dormitando en lo alto de sus palos, las cabras se metían en su establo y la gente comía el último bocado del día, empujado con un trago de Lao Lao.

Lao lao a profusión
Lao lao a profusión
Lao lao para todxs
Lao lao para todxs
En el hostal
En el hostal
Tres generaciones
Tres generaciones
Las niñas Khamu también  sueñan con princesas
Las niñas Khamu también sueñan con princesas
Padre e hija de fiesta
Padre e hija de fiesta
Muang Khua al caer la noche
Muang Khua al caer la noche
Nam Ou, Laos
Nam Ou, Laos
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