El ‘dolce far niente’ en Laos

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Atardecer en Don Det

Cruzar la frontera Camboya-Laos no fue fácil ni rápido, me tomó un día entero de viaje y varios disgustos recorrer los últimos 200 kilómetros del norte de Camboya a bordo de un mini bus sobrecargado, que se descompuso a media carretera.

Tuve que subirme a un segundo mini bus junto a unas 26 personas, demasiadas para la capacidad (y la lógica) del vehículo. La odisea continuó hasta el momento del visado para Laos, donde perdí la paciencia y puse en riesgo mi entrada legal al país.

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Cascadas del Mekong

Laos es la tierra de la inmutabilidad y los agentes de migración no se ofendieron con mi histeria de turista estafada. En Laos,  como en el resto del sudeste asiático todo es corrupción y no es raro que encima del costo de la visa se exija un pago extra a cambio de un simple sello con la fecha de entrada al país.

Por suerte para mis nervios, mi primer destino en Laos es Si Pha Don o las 4000 islas, el lugar se llama así por los miles de islotes que según la temporada se forman sobre el río Mekong, que fluye con fuerza, cambiando el paisaje a su antojo.

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Linda chica isleña

Al instante de desembarcar aquí olvidé los malos rollos del viaje, estoy segura de que el aire ‘peace & love’ que se respira en este paraíso no existe en ningún otro lugar del mundo.

Desde hace 5 días vivo en las islas de Don Det y Don Khon, cambiando de hamaca según mi antojo, bañándome en las playas del Mekong, comiendo ensalada de papaya y dando vueltas por el campo en mi bicicleta isleña.

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Mi rayo

El contacto con la gente es fácil, comunicamos con 3 palabras de inglés, señas y muchas sonrisas. Me ven pasar en la bici y sin falta me gritan «¡sa ba di!» el hola de Laos que siempre va acompañado de una buena demostración de dientes.

El deporte local es la siesta y una aprende rápidamente a dormir en cualquier momento, donde sea. Lo hacen todas y todos y con la práctica se perfecciona la técnica.

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Siesta en restaurant

Aquí el tiempo no corre igual que en el resto del universo, estamos en otra dimensión y me gustaría permanecer en ella por siempre, pero aún me queda mucho por ver de este encantador país.

Bien me advirtieron otras viajeras y viajeros que es difícil irse de las 4000 islas. Hay que armarse de valor para coger el barco y la carretera de nuevo. ¡Hasta el próximo destino!.

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Bungalos típicos
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Gato en su oficio
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Hora del baño
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Nems frescos con salsa de cacahuate
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Templo de Don Khon
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