Extraña navidad en Kratie

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Vendedora de pan en Kratie

La provincia de Kratie fue mi última parada en Camboya, un buen lugar para ver los defines Irrawaddy del río Mekong y pasear por las aldeas de pescadores.

Eran fechas navideñas, pero esta ciudad es la antítesis de la villa de Santa Claus, un pueblo sin carisma, desordenado y sucio, además en diciembre hace mucho calor. En Kratie cómo en el resto del país, la navidad no existe, si acaso se ven algunos restaurantes con luces y arbolitos raquíticos para atraer a lxs viajerxs.

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El Mekong

Desde hace días comparto aventuras con 3 amigas y un amigo, todxs mochilerxs y siempre dispuestxs a divertirse y sacar el máximo provecho a la travesía por el mundo.

Con este simpático grupo hice largos paseos en tuk tuk, por caminos destartalados que nos hicieron rebotar y reír hasta el cansancio. Vimos algunos lomos de delfines y navegamos  al atardecer en el inmenso río Mekong.

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Kratie y el Mekong

También vivimos una navidad muy extraña, con una cena memorable  por mediocre y un vino peleón para destapar caños. Esa noche entendimos porque en Camboya existe el toque de queda.

La ciudad se apagó a las diez, las calles se vaciaron, los perros se apropiaron de los basureros, la gente que trabajaba en el restaurant instaló sus colchones, sábanas y mosquiteras, al mismo tiempo que nos pasaban la cuenta.

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¿Hay alguien ahí?

Las ratas iniciaron su turno y en las esquinas aparecieron hombres misteriosos que sin pudor mostraban sus revólveres. Ver a un borracho a  media oscuridad sentado en una esquina, jugueteando con una pistola, no era la idea que teníamos de un merry christmas.

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Versión camboyana de baguette con queso

El panorama era apocalíptico y la palabra fiesta no encajaba para nada con el susto y apuro por encerrarnos en nuestras habitaciones.

Cómo era muy arriesgado caminar hasta el hotel, decidimos tocar la puerta de la primera casa de huéspedes que tuvimos al alcance. Ahí compartimos una habitación y pasamos el resto de la noche recontando la anécdota y recuperando el aliento.

Poco a poco olvidamos el miedo y las risas siguieron hasta el amanecer. Esa noche, cómo regalo tuve una excelente compañía y un inicio muy intenso de amistad.

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En movimiento vertical
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¡Delfines Irrawaddy a la vista!
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